Centenario de Vicente Ramos

El historiador, poeta, hernandiano y erudito VICENTE RAMOS PÉREZ, nació en Guardamar el 7 de septiembre de 1919. El presente portal lo dirige Ramón Fernández Palmera, correo: ramon.palmeral@gmail.com, con motivo de su centenario. Seminario del 20 al 24 de marzo de 2019 Sede Universitaria Alicante.

sábado, 23 de marzo de 2019

POESIA EN EL PRIMER DIA DE LA PRIMAVERA ALICANTINA DE LA MANO DE PALMERAL CIEN AÑOS DESPUÉS, por Julio Calvet Botella




 
Ramñon Palmeral y Julio Calvet (con traje). Sala Miguel Hernández de la Sede de la Universidad


POESIA EN EL PRIMER DIA DE LA PRIMAVERA ALICANTINA DE LA MANO DE PALMERAL CIEN AÑOS DESPUÉS

 Por Julio Calvet

Memorable. Dícese de lo que “merece ser recordado o que deja un recuerdo duradero”. Y así fue para mí, la tarde del primer día de la primavera, un 21 de marzo, del año de 2019, en la sede Ciudad de Alicante de su Universidad.  En el Seminario dedicado a la figura y obra de Vicente Ramos Pérez, organizado con ocasión del centenario de su nacimiento, se habló esa tarde, por Ramón Palmeral, Palmeral, en la mesa redonda, de la “Poesía y música en Vicente Ramos”.

Vicente Ramos, es sin duda un intelectual de alto nivel que ha dejado honda huella de su paso por su patria alicantina, hijo de Guardamar de Segura, e hijo adoptivo de Alicante y Guadalest. Nunca serán bastantes los homenajes que se dispensen a este gran hombre, historiador, filósofo, escritor, y también poeta. Yo creo que la poesía y el poeta, es sobre todo la sublimación del escribir: es el sentimiento que nace de la pluma temblorosa de la mano que traduce el sentir del corazón.

Y Ramón Palmeral, que también es poeta, ha basado su intervención en un libro prodigioso que acaba de dar a la luz: “Hermenéutica de Elegías de Guadalest de Vicente Ramos, y Rilke”. Y ha escrito este ensayo como homenaje a Vicente Ramos en el primer Centenario de su nacimiento, comentando e ilustrando su poemario “Elegías de Guadalest” (1958). Y Ramón Palmeral, que nunca dejará  de sorprenderme, entrelaza el poemario elegíaco de Vicente Ramos, nada más y nada menos que con las “Elegías de Duino”, de Rainer María Rilke, el gran poeta nacido en Praga en 1875, al descubrir Ramón Palmeral que Vicente Ramos conoció y leyó a Rilke y sus Elegías en 1955 o 1956, uno o dos años de escribir sus “Elegías de Guadalest”.

Praga, antigua capital de Bohemia, es un lugar sorprendente. Visitarla es una constante sorpresa, como también  escuchar los sones de sus músicas recordando su paisaje de torres y puentes sobre el esbelto rio Moldava.  Bedrich Smetana, (1824-1884), nos dejará “Mi patria: El Moldava”, “My Country/Má vlast”, y Antonín Dvorak, (1841-1904), las “Danzas Eslavas” “Slavonic Dances”, y la magistral, Sinfonía “Del Nuevo Mundo”, “From the New World”. Y no parará allí el sonido de las músicas, porque al regresar el silencio, acabaremos encontrándonos  en la casa número 22 de la Callejuela del Oro, (Zlatá Ulicka,IV-20,Hradcany), con Franz Kafka escribiendo el conjunto de relatos publicados en 1920 en el volumen “Ein Landzarzt”, “Un médico rural”. Pero a quien quizás no acabaremos encontrarnos es a Rainer María Rilke. Yo me atrevería a llamarle el poeta viajero, el escritor de un mundo sin norte. Un cosmopolita. Un habitante de lujo en mansiones selectas.  Se cuenta que antes de la Gran Guerra, viaja a Provenza, Argelia, Túnez, Egipto, Leipzig, Praga, Berlín, Múnich, Toledo, Córdoba, Sevilla, y Ronda. Y aquí me detengo un instante para recordarle en la ciudad malagueña del impresionante  tajo rocoso, y pensar que esta aún allí en el Hotel Reina Victoria, escribiendo una parte de las “Elegías de Duino”, nombre de un pequeña ciudad cerca de Trieste, en Italia y famosa también por el castillo propiedad de la princesa Marie von Thurn und Taxi-Hohenlohe, protectora y amiga de Rilke, donde estuvo invitado, y las cuales empezó a escribir la mañana del día 21 de enero de 1912, cuando le vinieron  a la mente las primeras palabras de la Primera elegía: ¿Quién, si yo gritase, me oiría desde las órdenes de los ángeles?

Diez años tardo Rilke en escribir las diez elegías. Entre diciembre y febrero de 1913, fueron escritos en España, –Toledo o Ronda- , los versos 1 al 13 de la Sexta Elegía.

Y a la pregunta del porqué de tan larga gestación, quizás habrá que decir:  porque los poemas de las “Elegías de Duino”, son “poesía sobre la poesía”, como ha escrito Eustaquio Barjau. Yo diría también, un complejo misterio.

El ángel preside las Elegías de Rilke, pero no como el ángel tradicional de la religión judeo-cristiana, ni como mediador entre Dios y los hombres, sino como “aquel ser en el que la transformación de lo visible en invisible que nosotros llevamos a cabo aparece como realizada ya de un modo total”.
“Todo  ángel es terrible. Y, no obstante, ay de mí, yo os canto, pájaros del alma, casi mortíferos, sabiendo de vosotros”. Elegía Segunda)
Nos dirá el poeta de Bohemia Rainer María Rilke.


Guadalest. Ramón Palmeral estuvo en Guadalest en mayo de 1992 con su esposa Julia Hidalgo. Nos lo cuenta en su libro “Buscando a Gabriel Miro en Años y Leguas”, caminando  en busca del recuerdo mironiano, y nos dirá: una vez traspasado el túnel o Portal de San José, “te encuentras de frente con la Casa Orduño, un palacete con puerta en forma de arco de herradura convertido en museo de exposiciones”. Antes de Palmeral,  hasta allí subió Sigüenza, por el “camino de aquel tiempo” en sus “Años y Leguas”: “Una rampa por el borde de un jardín escalonado. Las rosas, los jazmines, los nardos, sin nadie. Unas palmeras que han crecido en el claustro de breña y el fondo de dos azules; azul celeste y azul de  Mediterráneo, un Mediterráneo de urna de consola de los señores de Guadalest”.  

En 1955, Vicente Ramos, conmocionado por el hecho doloroso del traslado de los restos mortales de su madre y hermana, se refugia en masía veraniega de Benimantell, en el valle de Guadalest, donde compone las dieciocho  “Elegías de Guadalest”, en 1958. “Que morir vivo es la última cordura”,  del Soneto de Quevedo, encabeza las Elegías de Vicente Ramos. Y nos dirá Palmeral que las “Elegías de Guadalest” pertenecen al mundo de los muertos.

En el apartado H, de su libro, Palmeral, nos lleva a la “Definición de la Elegía”. Es para mí el centro neurálgico del libro de Palmeral. Como un resumen del profundo análisis de las Elegías de Vicente Ramos y de Rainer Maria Rilke. Dice Palmeral que la definición académica es incompleta, porque una elegía  está más cerca de la poesía mística que el llanto por la muerte de un amigo o de un ser querido. Que sería su definición más semántica: el llanto o el lamento o el remordimiento. Y rotundamente dice: “Una elegía es la quintaesencia del dolor de un poeta para comunicar su dolor espiritual”.
Y nos dirá también Palmeral: “Más allá del dolor ante la muerte, las elegías retratan toda clase de pérdidas que afectan al hombre. Existen elegías dedicadas a la perdida de la ilusión o de la esperanza y al paso de la juventud, entre otros temas que de una forma u otra, provocan nostalgia, angustia, congoja o abatimiento en la voz narrativa expresa desde el yo del autor”.
 
Jorge Manrique, (1.440-1.478), ejemplo de paladín español, muerto en combate al adelantar a pecho descubierto con apenas 38 años, luchando ante el castillo de Garci Muñoz, llamo Coplas a la elegía a la muerte de su padre Don Rodrigo Manrique.  43 Coplas, de las que 17 se refieren al elogio fúnebre de Don Rodrigo, el resto reprime su propia pena ante el dolor universal y humano de la muerte: “Nuestras vidas son los ríos/que van a dar a la mar, /que es el morir;/allí van los señoríos/derechos a se acabar /e consumir;/allí los ríos caudales, /allí los otros medianos,/e mas chicos,/alleguados, son iguales/los que viven por sus manos/e los ricos/.

Lope de Vega, el “Fenix de los Ingenios” llego a decir que estas coplas merecían estar escritas con letras de oro. Ciertamente, creo que las Coplas de Jorge Manrique, son la cima de la elegía como “quintaesencia del dolor” como define a la elegía Palmeral, y que pasan de un dolor universal a un dolor particular, al evocar la muerte de su padre.   

Y con letras de oro, debería, no, debe estar escrita, la “Elegía a Ramón Sijé”, de Miguel Hernández: “Compuesta en tercetos en sollozos o llantos”, como dice Palmeral: es “una composición de remordimiento y culpa por no haber sabido restablecer a tiempo su amistad, y así Miguel le dice a Ramón en su elegía que “/tenemos que hablar de muchas cosas/compañero del alma/compañero/”. Ramón Palmeral, gran conocedor de Ramón Sijé, al que llamó “El Estigmatizado”, nos lo contó bien en su biografía sijeana, de la que tanto hablamos aquella tarde irrecuperable en la “Torre de las Águilas”, con su querido gran amigo Gaspar Peral Baeza, muerto a sus 93 años en 2017, a quien en su conferencia no dejó de mencionar con enorme afecto, que le hizo vibrar al casi mudo silencio su voz emocionada.

El libro en que ha basado su conferencia Ramón Palmeral es una joya bibliográfica. Es una edición “no  venal” conmemorativa del centenario de Vicente Ramos, de Ediciones Palmeral. En su dedicatoria Ramón me ha puesto, “Como muy bien sabes Vicente Ramos junto con Manuel Molina y Juan Guerrero Zamora  fueron los primeros en poner a Miguel Hernández, en la posguerra en el lugar que le corresponde”.  Y es verdad de toda verdad.

Esa tarde del 21 de marzo, intervinieron también en la mesa redonda Doña Consuelo Jiménez de Cisneros, coordinadora del curso, y Doña Consuelo Giner, con magnificas intervenciones sobre la Poesía y la Música en Vicente Ramos, a quienes desde estas letras felicito.

Bueno, Ramón, son las tres horas de la madrugada día 23 de Marzo. Reina en el despacho de mi casa un tibio silencio. En mi recuerdo vuelvo a escucharte otra vez tu declamación de la Elegía de Ramón Sijé, con la grave y limpia intensidad como lo hiciste al final de aquella tarde en que presenté mi libro “Miscelánea en el Otoño”, vistiendo aquel acto emotivo de la gran altura intelectual que da tu presencia y señorío.

Y ya dejo de escribir en busca del descanso.

Te mando por correo estas letras al que acompaño una fotografía que ese día nos hizo mi esposa Carmen Miró, que de esta forma también queda para el recuerdo.
Un abrazo en Alicante en esta madrugada de la fecha, como decían los clásicos, “ut supra”.


JULIO CALVET BOTELLA. 
23 de marzo de 2019